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El día que el Dream Team ganó… de verdad. Una lección de cómo maximizar al talento de nuestros equipos

Con la lección aprendida, la aspiración individual de cada miembro de esta escuadra pasó de inmediato a ser grupal, en donde las estrellas estaban sólo en el papel ya que todos buscaban un bien y fin común.

21 Junio, 2022 / 10:03 am

A lo largo de la historia, se han conformado innumerables equipos de trabajo con el fin de alcanzar un objetivo determinado, ya sea en el ámbito empresarial, social, personal y deportivo; pero pocas veces el mundo alcanzó a ver un grupo humano con el talento, sincronía, desprendimiento, simpatía y dominio que mostró la selección masculina de basket de los Estados Unidos en las Olimpiadas de Barcelona 1992.

Este equipo se conforma luego de la catástrofe sufrida por los norteamericanos en la edición previa celebrada en Seúl 1988, donde fueron derrotados en semifinales por una selección conformada por la antigua Unión Soviética. Sin lugar a dudas, se trató de un golpe directo al orgullo de la máxima potencia mundial de esta disciplina.

Es importante recalcar que hasta ese momento, USA solía enviar a estos campeonatos escuadras conformadas por jugadores universitarios sin mucha experiencia para enfrentar a equipos nacionales, que en muchos casos, no sólo eran profesionales reconocidos a nivel global sino que ya habían participado en diversas justas deportivas, convirtiéndolos en temibles contrincantes.

Ante este hecho que claramente cuestionaba el dominio de Estados Unidos sobre este deporte, se decide responder lanzando a Barcelona lo mejor de lo mejor de su poderosa liga de baloncesto, la NBA, que para ese momento coincidía con poseer la generación más talentosa y fructífera que ha tenido el baloncesto mundial.

Hombres como Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Scottie Pippen, Karl Malone y Charles Barkley eran los llamados a restaurar el orden que había sido quebrantado hacía 4 años en Seúl. El encargado de dirigir a este equipo de ensueño era el experimentado Chuck Daly, legendario coach de los “Bad Boys” de Detroit, los Pistons.

La lista de jugadores diseñada para este torneo era realmente de lujo, todos con los contratos más caros del planeta en ese momento y con una legión sin fin de sponsors detrás de cada uno de ellos, por lo que el logro del campeonato pareciese estar más que asegurado. Pero, ¿sólo basta tener el talento, nombres, pergaminos, intención y un jefe para conseguir una meta?

Chuck Daly, cuenta que al conversar con los jugadores en el primer entrenamiento del equipo, realizó la siguiente pregunta a sus dirigidos: ¿quién es la estrella del equipo? – a lo que todos, casi al unísono, mencionaron la respuesta que él más temía: Yo. Desde ese momento supo que tendrían muchos problemas si es que no llegase a conjugar las destrezas de estos monstruos del basketball.

Constantemente se preguntaba, cómo influir en este grupo si cada uno piensa que es superior al otro, y lo más probable es que sientan que con sus capacidades individuales basta y sobra, ya que por algo fueron convocados. Claramente debía lidiar con unos egos colosales.

Días después llegaron las conferencias de prensa, las reuniones con celebridades, el furor provocado en la sociedad por ver finalmente jugar al Dream Team (apelativo que la prensa mundial le asignó a este equipo americano) y por supuesto más contratos de publicidad. Es decir, mucho tiempo para distraerse y pasarla bien. En ese tiempo, al entrenador sólo se le ocurrió una forma de ganarse el respeto y por ende el liderazgo de esta escuadra.

Coordinó con la liga la programación de un impensado encuentro entre esta selección y un elenco conformado por chicos universitarios, pero haciendo hincapié en que el partido se realice a puertas cerradas, sin ningún medio periodístico cerca.

Cuando el coach define los 5 que saltarían a la cancha para el enfrentamiento, llamó poderosamente la atención que no había considerado en la alineación al mítico Michael Jordan (que en ese momento se encontraba en la cúspide de su carrera y era considerado el mejor jugador de todos los tiempos). Desconcertados, los jugadores le consultaron además sobre qué estrategias usarían ese día. La respuesta los dejó aún más perplejos: Vamos muchachos! Son los mejores del planeta, Uds. pueden jugar solos!

¿Qué podría salir mal?, dijeron. Somos súper estrellas en una contienda con sólo unos niños. Tenemos que darles una lección.

El partido no pudo ser más diferente a ello. El Dream Team se mostró errático desde el primer momento, sin hilvanar las jugadas a las cuales estaban acostumbrados a realizar en sus propios equipos, sin un caudillo que los encamine, carentes de una mística grupal, sin apoyarse unos a otros y sólo observando cómo un grupo de colegiales les otorgaba una derrota histórica.

Al final del encuentro, Chuck Daly no contento con esta humillación, les pidió a ambos equipos que se unan a fin de tomarse una foto que grabe este momento para siempre. Al inicio de este artículo, se puede apreciar la imagen de los rostros de desolación de los componentes del equipo de ensueño, en contraste con las caras emocionadas del novel equipo colegial.

 

Posteriormente, y luego de felicitarlos, el coach solicitó a los universitarios retirarse del recinto y llamó a sus jugadores para reunirse y ver juntos el tablero de resultados (en donde se marcaba que el poderoso equipo conformado por los mayores talentos del baloncesto fue vapuleado por unos chicos que apenas superaban los 18 años), diciéndoles una frase que marcaría un antes y un después para este Dream Team: Bueno, creo que ahora sí me escucharán.

Daly, solicitó a la liga volver a convocar para el siguiente día a los mismos colegiales, pero esta vez sí se enfrentarían al verdadero equipo americano que todos querían ver. Con la lección aprendida, la aspiración individual de cada miembro de esta escuadra pasó de inmediato a ser grupal, en donde las estrellas estaban sólo en el papel ya que todos buscaban un bien y fin común. Tenían claro que no sólo se necesitaba de su talento para ganar las Olimpiadas sino que también de su entrega, pasión y sobre todo ganas de dejar un legado para las futuras generaciones.

El resultado de este partido no pudo ser otro más que una soberana paliza propinada por el equipo que participaría semanas después en España. Sin lugar a dudas, el entrenador Daly había logrado de esta forma generar una conexión con sus dirigidos.

En las Olimpiadas, el Dream Team acabó llevándose la medalla oro derrotando a sus oponentes con una diferencia de casi 45 puntos por partido, devolviendo la gloria a un país entero que vive y respira por este deporte y con el rótulo de equipo imbatible e inolvidable.

Todos los miembros de esta selección, sumados a Chuck Daly, pertenecen actualmente al Salón de la Fama, máxima distinción otorgada a un deportista en los Estados Unidos.

Erick Portocarrero

Director de Cobranzas en Mapfre Perú

Directivo de amplia trayectoria en grupos multinacionales líderes en Latinoamérica como Telefónica, Falabella y MAPFRE, en donde encabezó diversas iniciativas estratégicas en el ámbito de transformación digital, comercial y mejora continua, dentro de distintas divisiones del negocio como Ventas, Operaciones, Cobranzas, Finanzas y Recursos Humanos. Es Administrador de empresas de la Universidad de Lima y posee estudios de postgrado en el PAD de la de Piura y el MIT de los Estados Unidos.

Disruptor corporativo, apasionado por la tecnología, creyente del poder del talento y un convencido de cómo las organizaciones pueden aportar valor a sus sociedades.

En este espacio, encontraremos una interesante gama de reflexiones y experiencias de todo el mundo relacionadas a dos conceptos fundamentales que hoy hacen girar al mundo: Liderazgo e Innovación.